Recetas

Temporada de cerezas

CheryPie

Por Tamar Meneses/QUEENENSALADA

Nos vamos adentrando ya en mi estación del año favorita, el verano. Sol, calor, vacaciones y, culinariamente hablando, tomates, cerezas, sandía, lechugas, melones, albaricoques, berenjenas, higos, etc, etc, etc…

Lo hablábamos hace poco: la corta temporada de ciertos alimentos me crea ansiedad. Intento acaparar la máxima cantidad de cerezas, el caso que os traigo hoy, y me dejo llevar por la fiebre del producto de temporada inventando mil historias para prepararlas, comerlas y disfrutarlas de forma variada.

Las cerezas de por sí, sin más, robadas a puñaditos cada vez que abro el frigorífico es ya un placer de dioses, pero es que además la cereza es una injustamente poco aprovechada fruta para muchos postres y algunas preparaciones saladas.

Hasta este fin de semana tenía una asignatura pendiente con las cerezas: hacer alguna vez en la vida un tarta de cerezas típica americana, un icono de la cultura yanqui, con apariciones estelares en alguna de las series, películas, música, de las que todos guardamos memoria colectiva: El agente Cooper las devoraba en Twin Peaks, El Oso Yogui se metía en un montón de problemas por ellas (y por las de manzana) en Yellowstone, y allá por los 50 Marvin & Johnny cantaban

Give me, do do do
Give me some, do do do da
Give me, do do do
Give me some, do do do da
Give me, do do do
Give me some, Cherry Cherry Pie.

Una pieza maestra de ese sonido facilón llamado dudua.

Hoy la mayoría de los americanos hacen la Cherry Pie con un relleno que sacan de una lata y una masa que sacan del congelador. Así se aseguran de tener tarta de cerezas durante todo el año, siempre que se les antoje, pero ya hemos hablado por aquí de esto, comer con los ingredientes frescos de cada temporada es más sano y te proporciona mejores resultados en la cocina.

Además dejadme que os confiese algo. Casi tan agradable como ir un día al mercado y encontrar que ya han llegado las cerezas es la dulce y larga espera hasta que llegan. Lo bueno se hace esperar. Si estás en invierno pensando en cerezas, no sólo estarás deseando disfrutar de nuevo de los placeres mayúsculos de comerte un puñado de esa fruta, no. Estarás deseando sol, días de más horas de luz, llevar manga corta y piernas sin medias, playa, chiringuitos, tinto de verano y todo lo que sea que signifique el verano para ti.

Todo tiene su momento. Todo es un ciclo.

INGREDIENTES

Para un molde de 26 a 30 cm, de paredes no muy altas.

Para la masa:

250 gr. de mantequilla fría en dados

500 gr. de harina, que tamizaremos antes de empezar

50 gr. de azúcar glas

1 cs. de sal

120 ml. de agua fría

1 cs. de zumo de limón

Con un robot de cocina se hace menos cansado hacer la masa, pero igualmente se puede hacer a mano y con la ayuda de un tenedor.

Mezclar la mantequilla y los ingredientes secos de la pasta. Veréis que os queda como unas migas arenosas. Incorporar el agua y el zumo y seguir mezclando hasta obtener una masa compacta. Dividirla en dos bodas iguales y envolverlas en film transparente para dejarlas reposar en la nevera durante una hora.

Precalentar el horno a 180º

Mientras pasa la hora de reposo de la masa y el horno llega a su temperatura, vamos haciendo el relleno de la tarta.

Para el relleno:

900 gr. de cerezas deshuesadas

200 gr. de manzana Granny Smith cortadas en dados pequeños

3 cs. de zumo de limón

3 cs. de maizena

100 gr. de azúcar (los americanos pueden poner hasta 175 gr. para estas proporciones, pero a mí no me gustan las cosas tan, tan empalagosas. Recordemos que la fruta ya tiene sus propios azúcares)

En un bol mezclar bien las cerezas deshuesadas y la manzana (en las tiendas de utensilios de cocina encontrarás sin problemas un deshuesador de cerezas, por unos 3€) con el azúcar y dejar reposar durante ½ hora.

Mezclar el zumo de limón con la maizena y remover bien hasta que no queden grumos.

Añadir esta mezcla a la fruta y pasarlo todo a una sartén a fuego medio. Dejar hacerse durante unos 15 minutos removiendo de vez en cuando y cuidando que no se pegue a la base de la sartén. Quitar del fuego y dejar enfriar.

Seguimos con la masa

Sobre una superficie lisa y bien enharinada extender con rodillo una de las bolas lo bastante como para que supere el diámetro del molde en unos 5 cm.  Engrasar y enharinar el molde y forrarlo con la lámina de masa. Pinchar el fondo con un tenedor y cubrir con papel de hornear y unas alubias para proceder a hornear en vacío, primero durante 15 minutos, tras los cuales quitaremos el papel con las alubias y dejar en el horno otros 5 minutos más.

Sacar del horno y dejar enfriar un poco, lo justo como para que al verter el relleno ya frío no vuelva a coger mucho calor.

Una vez rellena nuestra base de tarta queda coronarla. Esto se puede hacer de varias formas, las dos más tradicionales en Estados Unidos es o bien extender la otra bola de masa hasta hacer crear una “tapadera” de nuestra tarta, colocarla sobre esta, haciendo empatar los bordes y eliminando lo que sobre. Quitarle trozos de la lámina de masa con formas más o menos artísticas (formas de hojitas, estrellas, etc) con la ayuda de un cuchillo afilado o de un cortapastas de los que se usan para galletas.

enrejado

La segunda opción, la mía, es hacer un enrejado: Extender igualmente la segunda bola de masa y cortarla con un cuchillo bien afilado o con un disco corta pizza, unas 8 tiras (o más si la quieres hacer más trabajada) de igual anchura e ir procediendo a colocarlas sobre la tarta tal como os dejo en este esquema:

ESQUEMA

Pincelaremos la tapa de la tarta con una yema de huevo batida a la que añadimos un poco de agua para que corra mejor. Horneamos durante 45 minutos y dejamos enfriar unas 4 horas antes de hincarle el diente.

Si se puede mejorar de alguna manera esta tarta es con una bola de buen helado de vainilla: Impresionante y muy, muy yanqui.

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Escrito por:
Conscientemente mediterránea y más castiza de lo que me gusta reconocer. Adoro el buen vino, y si no existiera el jamón ibérico, sería vegetariana.
Procuro tener siempre flores y caminar por la parte soleada de la calle.
Vivo con una curiosidad sana por casi todo.
No concibo la vida sin compartirla con animales.
Tranquila. Imaginativa. Realista.
No soy de lágrima fácil, tampoco de abrazo.
Me esfuerzo en ser viajera, no turista. Odio el trayecto.
Con la báscula y el despertador firmé hace tiempo un armisticio.
Amiga de lo sencillo. Enemiga del triste, del gris, del tibio.
Habladora, observadora, no me gusta nadar y guardar la ropa.
No soy perfeccionista, pero me gusta hacer lo correcto.

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