Recetas

Mejillones Thai, o cómo construir recuerdos

MEJILLONES DEFI

Por QUEENENSALADA

El bullicio del mercado en sábado se ha convertido en la mejor forma de empezar un buen fin de semana en mi casa. Curiosear por los puestos, comprar lo que llevas en la lista y dejarte sorprender por los productos de temporada que van haciendo aparición es para nosotros pasar un buen rato, que se extiende cuando ideamos cambios sobre los menús que teníamos pensados para el fin de semana según lo que hallamos comprado, o hacemos planes para invitar a alguien a casa. Compartir tu mesa es un signo inequívoco de amistad.

Un amigo extranjero me comentó una vez que los españoles somos capaces de hablar de comida mientras comemos, y no de lo que en ese momento estamos comiendo, no. Mientras comemos hablamos, recordamos otras mesas, otros platos.

Y es verdad, pero entiendo que esa pasión por la mesa es común en todo el Mediterráneo.

El Mediterráneo es así, somos así, y la amistad, o el vínculo familiar, no se concibe si no es alrededor de una buena mesa, hasta tal punto que muchos de nuestros recuerdos más felices se han construido así, comiendo y compartiendo comida con los demás.

Y por eso no fue raro que de pronto, en ese sábado ya de aperitivo post mercado, saltara un mensaje de Wapp:

P: Que si os apetece, hemos comprado mejillones, que están de temporada, y hemos pensado en una cena. Pero tempranito, que si no nos dan las tantas de la noche y otras tantas botellas de vino.

Yo: Pues es que nosotros hemos comprado también mejillones, dos kilos.

P: Los podemos unir a los cinco nuestros.

Yo: (emoticon de ojos abiertos como platos)

Entonces, ¿en plan festival del mejillón?

P: Ok. Sí.

(emoticon de reír hasta las lágrimas)

Yo: Allí estaremos.

(emoticon besito lanzado)

Resultado: 7 kilos de mejillones. 4 adultos. 2 niños.

Unos al vapor, sin más. Bendita sencillez cuando el producto te regala su mejor momento.

Otros a la francesa, y otros, Thai. Porque con tantísimo mejillón era necesario diversificar.

Festival servido. Homenaje al mejillón como debe ser, en su temporada y con abundante vino blanco, conversación distendida, risas y planes… esa es la manera en la que siempre recordaremos la noche en la que 7 kilos de mejillones sirvieron de transmisor para amarrar memorias y anécdotas, estrechar vínculos. Y una vez más todo, alrededor de una mesa.

Mejillones Thai,

Ingredientes para dos personas:

2 Kg. de mejillones frescos

5 ó 6 chalotas* (o una cebolla mediana)

1 lata de 400 ml. de leche de coco (yo uso una baja en grasas)

1 lima, ralladura y zumo de ½ 

Un trocito de jengibre fresco, varias ramitas de cilantro fresco, un chile verde fresco (opcional), aceite de oliva, sal.

Lavar bien los mejillones y ponerlos todos en una olla sin agua para hacerlos al vapor. Colocar en fuego medio alto y tapados, observando de vez en cuando para ver cuando se abren. Sacar del fuego tan pronto como veamos que están abiertos y que queden “poco” hechos. Dejar enfriar un poco en el agua que ellos mismos habrán expulsado.

Cuando puedan ser manipulados, quitarles la concha que queda sin bicho y colocando las conchas que sí, otra vez en el agua. Esto hace que el mejillón no se seque.

Cortar las chalotas, o cebolla, muy, muy menuda. Yo lo hago incluso con un robot de cocina para que quede “casi” imperceptible. Pochar en una sartén amplia con un chorreón de buen aceite.

Cuando estén transparentes añadir como ¾ partes de la leche de coco, con un poco de sal, el chile en rodajas (cantidad acorde con el aguante al picante de cada uno) y el trozo (como unas 2 rodajas) de jengibre. Calentar a fuego suave para que la leche de coco recoja los aromas de los condimentos (unos 3 ó 4 minutos) y añadir los mejillones, desechando el agua (yo la suelo guardar para preparar otros platos, como un arroz a la marinera).

Agitar la sartén un poco para que la salsita entre en los mejillones y por último, espolvorear el cilantro troceado, ralladura de la lima, y el zumo de una mitad de la lima también.

Si es plato único con dos kilos por persona (unos 300 gr. de producto útil) es suficiente.

*Las chalotas son unas cebollitas muy aromáticas, que tienen un sabor entre cebolla dulce y ajo. Hay quien las sustituye por puerro con ajo. Pero si no te quieres complicar en esta receta, sustituye por cebolla y ya está.

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Escrito por:
Conscientemente mediterránea y más castiza de lo que me gusta reconocer. Adoro el buen vino, y si no existiera el jamón ibérico, sería vegetariana.
Procuro tener siempre flores y caminar por la parte soleada de la calle.
Vivo con una curiosidad sana por casi todo.
No concibo la vida sin compartirla con animales.
Tranquila. Imaginativa. Realista.
No soy de lágrima fácil, tampoco de abrazo.
Me esfuerzo en ser viajera, no turista. Odio el trayecto.
Con la báscula y el despertador firmé hace tiempo un armisticio.
Amiga de lo sencillo. Enemiga del triste, del gris, del tibio.
Habladora, observadora, no me gusta nadar y guardar la ropa.
No soy perfeccionista, pero me gusta hacer lo correcto.
Trabajé en 1000 cosas, pero paré y ahora camino por nuevos escenarios.
También tengo defectos… Pero esos los guardo para otro día

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