Recetas

MIGAS DE COLIFLOR o la tradición a repaso

Migas Coliflor final

Por Tamar Meneses/QUEENENSALADA

España pasa por ser un país de platos tradicionales contundentes, platos pensados para el trabajo en el campo o sencillamente trabajos más físicos que los que ejercemos en nuestros tiempos.

Calóricos y ricos en hidratos esos platos daban solución a un desgaste energético altísimo y que por eso mismo se nos hacen hoy muy pesados. Pero claro, son sabores que llevamos en nuestro adn, sabores que nos sacan los mejores recuerdos de familia, de la cocina de nuestras abuelas, de los pueblos de nuestra niñez. Es difícil resistirse a evocar esos sentimientos, aunque a muchos de nosotros después la digestión nos traiga remordimientos.

Desde que descubrí hace un tiempo que la coliflor es un gran conductor de sabores sin aportar trillones de calorías fuera de los parámetros necesarios para mi estilo de vida, la coliflor es mi amiga.

Sí, ahora es mi amiga, porque antes, tratándola como había visto hacer toda la vida, es decir cocinándola en agua hirviendo y luego preparándola como fuese, la coliflor significaba pesadez de estómago y malas digestiones.

Hoy me como a mi nueva amiga triturada, o en filetes a la plancha o al horno, y se han acabado las malas digestiones y hasta los malos olores en la casa cuando se cocina.

Resulta ser que la coliflor triturada cruda y después a la plancha, admite combinaciones tan variadas como convertirla en cuscús, en “arroz” chino tres delicias, en un apetecible hash browns inglés, pero sin patata, o en unas castizas migas, sin pan y con una décima parte del aceite que llevan las originales.

Aprovecho que la primavera está un poco juguetona, y que todavía nos envía días grises para traeros unas migas pero de coliflor.

Ingredientes para 2 personas:

1 coliflor mediana

1 cebolla mediana

3-4 dientes de ajo

1 cucharadita de pimentón de la vera

Aceite, sal, perejil fresco

Para acompañar: Un par de rodajas de buena morcilla de Burgos, o un huevo frito, o pimientos fritos y tomate fresco en tajadas (según tu opción de dieta: vegana, vegetariana o flexible).

Corta la coliflor por la mitad y retira el nervio central. Entresaca los ramilletes de la coliflor y pártelos por la mitad. En un robot de cocina pon los ramilletes cortados en pequeñas tandas, pulsando poco a poco para conseguir triturar la coliflor como en “granos” tamaño un poco mayor a granos de arroz.

Cortamos la cebolla en gajos anchos y los pochamos en una sartén ancha con un poco de aceite, cuando estén a medio pochar le añadimos los ajos pelados pero enteros.

En una sartén aparte ponemos a la plancha las rodajas de morcilla. O freímos los huevos, o los pimientos.

Cuando estén ya doraditos, y la cebolla tierna, añadimos nuestros granos de coliflor removiendo de vez en cuando para que todo se tueste por igual, añadimos un poco de aceite más si vemos que se queda muy seco. Cuando vaya cogiendo color lo sazonamos y le espolvoreamos el pimentón, removiendo para que todo se impregne bien y no se nos queme el pimentón. Sacamos del fuego y lo servimos en la misma sartén, con la morcilla (o lo que sea) sobre las migas, y con perejil troceado por encima.

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Conscientemente mediterránea y más castiza de lo que me gusta reconocer. Adoro el buen vino, y si no existiera el jamón ibérico, sería vegetariana.
Procuro tener siempre flores y caminar por la parte soleada de la calle.
Vivo con una curiosidad sana por casi todo.
No concibo la vida sin compartirla con animales.
Tranquila. Imaginativa. Realista.
No soy de lágrima fácil, tampoco de abrazo.
Me esfuerzo en ser viajera, no turista. Odio el trayecto.
Con la báscula y el despertador firmé hace tiempo un armisticio.
Amiga de lo sencillo. Enemiga del triste, del gris, del tibio.
Habladora, observadora, no me gusta nadar y guardar la ropa.
No soy perfeccionista, pero me gusta hacer lo correcto.

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