Recetas

Nada es lo que parece (receta)

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Por QUEENENSALADA /Receta Nicholas Balfe

Todo viene tan disfrazado, tan armónicamente preparado para su venta que quizás hayamos perdido la realidad.

Aunque hoy nos encontremos inmersos en una corriente gastronómica que huye de lo artificial y ve en lo natural, en lo ecológico la ruta por la que transitar, la realidad es que en esa corriente sólo estamos algunos privilegiados.

La realidad es que siguen existiendo, y consumiéndose, productos alimentarios cuyo porcentaje de laboratorio es muy exagerado, pero son económicos y sobre todo fáciles de consumir. Y la realidad es también que esos productos vienen últimamente disfrazados con palabras y conceptos que anuncian un más que cuestionable origen natural y hasta cualidades saludables.

Es imposible estar al tanto de cada una de las trampas que te traza la industria alimentaria más descarnada, y por otra parte… algunos, yo misma, no queremos obsesionarnos con algo que hoy por hoy es dificilísimo controlar.

En el mundo de hoy, con nuestro ritmo de vida, incluso si la vivimos de forma algo desahogada y tranquila, no podemos ejercer en nuestro día a día de una alimentación limpia al 100%.

No todos podemos, pero los que sí, casi que tenemos la obligación de ir sumando pequeños granitos que influyan y hagan más asequible ese otro estilo de alimentación a los demás.

Volver a los orígenes, a alimentar al planeta de una forma natural, me parece imposible, pura demagogia, pero hay pequeños actos que debemos recuperar:

Comprar alimentos en su estación natural

Comprar la menor cantidad de alimentos emblistados

Utilizar las sobras

Comprar en mercados locales

Ajustar las raciones

Cocinar con cariño

Hacer de una raíz fea un plato delicioso se me hace un truco de magia estupendo para explicar que a veces la cocina con amor exige un poco de tiempo, un poco de atención. Una dedicación que repercute en nosotros de la forma más directa posible: amando lo que comemos, estamos amándonos a nosotros mismos.

La magia siempre será sacar lo máximo de lo mínimo, y eso en alimentación es por ejemplo este falso arroz, una trampa feliz, limpia y sana.

“Risotto” de raíz de apio y almendras

Ingredientes:

1 raíz de apio (también se puede llamar apio nabo)

1 puerro

2 chalotas o 1 cebolla mediana

2 tallos de apio

2 dientes de ajo

1 puñado pequeño de tomillo, si es fresco mejor

Aceite de oliva, sal, 50gr. de mantequilla

½ vaso de vermouth blanco o vino blanco seco

½ litro de caldo vegetal

¼ de leche de almendras sin azúcar

1 cucharada de creme fraiche o de yogur griego

100 gr. de queso grana padano rallado

1 puñado de almendras tostadas

1 puñado de perejil o cebollino fresco

Antes que nada debemos convertir nuestra raíz de apio en arroz. Pelamos la raíz, eliminando la capa marrón exterior y la tierra que pudiera todavía tener. Cortamos en bastones como si fueran patatas para freír y ponemos en la picadora de nuestro robot de cocina. Pulsamos poco a poco, hasta que veamos que los pedazos de raíz quedan de tamaño un poquito mayor que gramos de arroz. Esta operación conviene hacerla en tandas pequeñas para no sobrecargar nuestra picadora, ya que la raíz de apio es bastante dura de manejar.

Reservamos nuestro “arroz” y procedemos con la base del risotto. En una cacerola ponemos la mantequilla y un chorreón de aceite de oliva y pochamos las chalotas, los ajos, el puerro, los tallos de apio y el tomillo fresco, todo ello bien cortado previamente.

Cuando esté pochado añadimos nuestro “arroz” con el medio vaso de vermouth, removiendo para que todo quede mezclado, y lo dejamos sudar hasta que la raíz de apio empiece a ablandarse.

Añadimos entonces el caldo vegetal, cazo a cazo y sin dejar de remover. Añadir la leche de almendras de una sola vez, y dejar a fuego medio hasta que el “arroz” haya consumido casi todo el líquido.

Fuera del fuego le sumamos la creme fraiche, las almendras y la mitad del queso y removemos bien. Salpicamos con el perejil troceado y servimos con más queso espolvoreado por encima.

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Escrito por:
Conscientemente mediterránea y más castiza de lo que me gusta reconocer. Adoro el buen vino, y si no existiera el jamón ibérico, sería vegetariana.
Procuro tener siempre flores y caminar por la parte soleada de la calle.
Vivo con una curiosidad sana por casi todo.
No concibo la vida sin compartirla con animales.
Tranquila. Imaginativa. Realista.
No soy de lágrima fácil, tampoco de abrazo.
Me esfuerzo en ser viajera, no turista. Odio el trayecto.
Con la báscula y el despertador firmé hace tiempo un armisticio.
Amiga de lo sencillo. Enemiga del triste, del gris, del tibio.
Habladora, observadora, no me gusta nadar y guardar la ropa.
No soy perfeccionista, pero me gusta hacer lo correcto.
Trabajé en 1000 cosas, pero paré y ahora camino por nuevos escenarios.
También tengo defectos… Pero esos los guardo para otro día

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